-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Eso es la radio: un espejo sonoro.
Así pensamos los miembros del Area Radiofónica de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional del Comahue. Y a desarrollar esa idea dedicamos este espacio, que está habilitado para el intercambio de información, interpretación y opiniones acerca de nuestro objeto de estudio: la radio.
This is where you stick random tidbits of information about yourself.
Espejo Sonoro
lunes, abril 23, 2007
Las artes han dado reiteradas muestras de que suelen compartir conceptos y tendencias. Wassily Kandinsky, iniciador de la escuela pictórica El jinete azul creó lo que se supone un tratado de colores. En ese tratado, Kandinski hace una comparación entre las vibraciones sonoras -musicales- y el color[1]. Por su parte, Johannes Itten, maestro de la Bauhaus y colega de Kandinsky, creó un sistema que dividía los colores fríos y calientes, según las tonalidades. Otro ambicioso proyecto fue el de Henri Lagresille, en el que trató de traducir en color a los acordes musicales de obras maestras de la música clásica. El pintor Piet Mondrian, también fue influenciado por la música. Cuando se trasladó a Nueva York en 1940, su estilo dejó la rigidez de las líneas para abrazar los trazos libres y un ritmo más suelto, claramente influenciado por la sonoridad del jazz. Modesto Músorgski compuso la suite para piano Cuadros de una exposición (1864) como conmemoración de su amigo, el pintor Viktor Hartmann. La obra incorpora piezas musicales que representan diez de las imágenes de Hartmann, como ésta en la que Músorgski se inspiró para componer The old castle.
El caso de Músorgski, es ejemplo claro de lo que se llama música programática, cuya inspiración es extramusical. Pueden ser ideas abstractas, dramas, leyendas, fenómenos naturales, literatura, etc. La Noche transfigurada de Schonberg es también música programática, pues está inspirada en un poema. Otro ejemplo destacado de música programática es la Sinfonía fantástica, de Héctor Berlioz. La obra posee un argumento tan detallado que a quienes iban a escucharla se les exigía que leyeran antes un folleto, recurso que por entonces se consideró sensacional e innovador. La diferencia, en todo caso, es que si la música puede ser programática, la pintura lo es por naturaleza, pues nace casi siempre de circunstancias y situaciones que van más allá del acto de pintar. Obviamente, el informe periodístico que la radio transmite desde el lugar de un accidente de tránsito está motivado por un hecho ajeno a la radio. Pero eso no indica que todos los textos sonoros posean una condición programática tan burda o elemental.
Cuando Murray Schafer se pregunta por qué la radio no incluye textos sonoros sobre el crepúsculo lo debe hacer pensando en las posibilidades expresivas que una combinación de efectos sonoros y músicas puede alcanzar para representar el momento del ocaso. Igualmente, otras experiencias como la llegada del otoño, la múltiple polución de una megalópolis, la adolescencia o la senectud, son motivos que siguen desafiando a las realizaciones radiofónicas que pretendan trascender la referencialidad más o menos segura de las estructuras de producción convencionales.
Aquel atrevimiento de los músicos puestos a describir, así como el de los pintores dedicados a contar una historia, merecen un esfuerzo similar por parte de los artistas de la radio.
El equipo docente del Area Radiofónica saluda a los estudiantes de sus asignaturas "ComunicaciónRadiofónica", "Periodismo Radiofónico" y "Producción Radiofónica".
Las experiencias perceptuales se instalan en la memoria y contribuyen a la creación de nuestro imaginario personal. Las percepciones nuevas se sintonizan en la onda de las pasadas y modifican el mundo imaginario ya creado.
Para ingresar éxitosamente en la imaginación, la comunicación debe ser rica en percepciones sensoriales y cumplir con el requisito de la afectividad de la imagen.
“La unidad de significación afectiva más pequeña se denomina coinema. El psicoanálisis contemporáneo ha analizado, con ayuda de la ciencia semiótica, las unidades elementales de significado que forman parte de la “semiosis afectiva”. (…) Tanto el arte como el sueño reclaman una estructura afectiva, base de la experiencia estética. La emoción estética que experimentamos frente a una imagen exige la aportación de un lenguaje coinémico, es decir, de un sistema de afectos. (…) La imagen coinémica es, por tanto, el producto de una experiencia estética y de una experiencia afectiva”
Existe una tradición ética basada en el sentimiento, como lo prueban las lecciones de un moralista británico de finales del siglo XVII. Se trataba del conde de Shaftesbury, uno de los mayores representantes del iluminismo inglés en el campo ético, quien defendió, en contra de la tendencia predominante en su tiempo, el sentimiento en detrimento del frío raciocinio, la virtud desinteresada del hombre crítico en oposición al mero utilitarismo, la propia humanidad frente a la inminente revolución industrial. Más adelante, en el siglo XX, aunque el problema no parecía avanzar hacia una clarificación crítica, la estética crociana, primero, y la incipiente investigación antropológica, después, aportaron otras definiciones al tema en cuestión. Según Croce, el arte no puede reducirse nunca a “reflexión” o a “juicio”, ya que en este caso se “disipa o muere”. La expresión artística es expresión del sentimiento.
La producción radiofónica, que cabe en el territorio de lo artístico, necesita de la comunicación afectiva. Por ello, a la radio debe requerírsele una comunicación que no destierre las emociones. Decimos que la comunicación radiofónica no puede consagrarse exclusivamente al raciocinio y que debe contener la emocionalidad de la gente, programando no sólo mensajes de tipo cognitivo, sino también los que expresan contenidos afectivos y/o estéticos.
Esta opción se basa en la convicción de que nuestro entendimiento no es tan sólo un reflejo del mundo objetivo que nos rodea, sino que también constituye ese mundo. Esta noción está presente en muchos pensadores occidentales, Kant entre ellos, para quienes no se trata de que los objetos simplemente nos hablen; también conforman nuestras vías de conocimiento. De este modo, la mente es un proceso activo que forma y vuelve a formar el mundo.
El psicólogo Rollo May se plantea que durante nuestro proceso de formación y conocimiento del mundo, junto al importante papel que desempeña el entendimiento intelectual, también es destacado el rol de la imaginación y las emociones. “Debe ser la totalidad de nosotros la que comprenda, y no simplemente la razón”
[2]. Impulsos y necesidades, deseos e intencionalidades se hacen presentes a la hora de formar y reformar el mundo, porque durante esa tarea los seres humanos no sólo piensan, también sienten y desean.
El pintor Vassily Kandinsky, a quien ya hemos citado en este trabajo, sostenía que “el arte en su conjunto no implica una creación innecesaria, de entes que se diluyen en la nada, sino una fuerza que contribuye al desarrollo y la sensibilización del alma humana” y argumentaba que la belleza “es lo que emerge de la necesidad emocional interior
La aportación de la radio en este sentido se conforma en torno de lo que algunos autores definen como géneros “no específicamente periodísticos”, entre los que Martínez Albertos
[4] sitúa las novelas por entregas, los cuentos, narraciones costumbristas, humor, ensayo, folletín o lo que Miquel Rodrigo[5] llama “discurso lúdico”, dirigido a provocar la emoción.
Una de las lecturas más clarificadoras sobre el tema se puede encontrar en el libro de Mario Kaplún, “Producción de programas de radio”. Remontándose a Freud, Kaplún señala que “la palabra que se graba en el preconsciente es, esencialmente (…) la palabra oída”.
“Lo que registra la conciencia y se graba a nivel profundo es lo que llega a través del oído. Freud encuentra, pues, una fuerza y un poder de penetración especiales en la transmisión oral de la palabra. Casi no es necesario subrayar la importancia que revisten estas comprobaciones para la valoración del medio radiofónico. (…) Por ser un medio auditivo, la radio es más propicia a la palabra–emoción que a la palabra–concepto
En todo caso, es necesario destacar que el lenguaje radiofónico resulta de la articulación de otros elementos, además de la palabra. Pero que esa amalgama constituye un estímulo vitalmente ligado a lo afectivo. La fuerza y la capacidad de penetración que Kaplún asignaba a la palabra son igualmente válidas para los restantes componentes del discurso de la radio, que también son recogidos por vía auditiva.
Los mensajes de la radio, sostenía el desaparecido maestro, no sólo contienen un ingrediente semántico y conceptual, sino también una rica carga imaginativa y afectiva.
“(…) Un concepto, una idea, puede vehicularse mejor por radio si se la enmarca en una dinámica afectiva, cálida, vivencial, que establezca una comunicación personal con el oyente y le haga sentir la emisión y no sólo percibirla intelectualmente. En cambio, si se la presenta en una forma puramente cognitiva, fría, impersonal, las posibilidades de que el mensaje sea atendido y aprehendido serán considerablemente menores.
La auténtica comunicación radiofónica debe tener un componente afectivo además del componente conceptual; debe movilizar no sólo el estrato pensante del perceptor sino también su estrato emocional. (…) En la medida en que el comunicador sea capaz de incorporar este elemento afectivo, tanto más fácil le será combatir la distracción del oyente, evitar su cansancio, alejar la sensación de monotonía y captar su atención. Su pedagogía radiofónica será tanto más comunicativa y, por ende, más eficaz. Así como el pobre manejo de este aspecto, debilitará notoriamente la eficacia pedagógica del mensaje
Desarrollaremos, pues, algunas nociones sobre afectividad y emociones.
El relativamente reciente estudio de la afectividad es muy importante ya que a través suyo las emociones (miedo, cólera, alegría, melancolía, etc.) adquieren una entidad propia, al margen de los procesos cognitivos.
Anteriormente la filosofía clásica y cristiana las había considerado como un foco de perturbación para la vida interior y la paz del alma, por lo que recomendaban al hombre que se ejercitara en su dominio.
La palabra emoción proviene del latín emovere, que significa “remover”, “agitar” o “excitar”. La emoción es la experiencia subjetiva placentera o displacentera de un cambio que se produce en nosotros y por eso las emociones tradicionalmente se han definido como estados afectivos que se nos presentan brusca y súbitamente, en forma de crisis de mayor o menor violencia y duración.
Por su parte, los sentimientos son estados anímicos complejos y se diferencian de las emociones por su carácter más duradero y menos intenso.
Pese a que los estudios de base psicológica o neurofisiológica no coinciden, podríamos describir un orden secuencial simplificado de la reacción afectiva. Esta comienza cuando los órganos sensoriales captan un estímulo; este es transmitido a la corteza cerebral, provocando un estado subjetivo o emoción
Nosotros somos productores de estímulos que el público de la radio capta auditivamente y que pueden generar estados emocionales.
Lo genuino de las vivencias afectivas es la resonancia que provocan en el interior del sujeto, en términos de placer o desagrado. Precisamente agrado/desagrado es una de las dimensiones bipolares observables en la experiencia emocional y la que sitúa los extremos en que se desenvuelven las emociones.
Todas ellas están teñidas de un significado hedónico. La alegría, el afecto, el amor, el júbilo, la felicidad, son emociones agradables, mientras que el miedo, la cólera, la envidia, los celos, el desengaño, son estados afectivos experimentados por el sujeto como desagradables. El binomio remite a las dos finalidades básicas de la conducta humana: obtener placer y evitar el dolor.
Otra dimensión de la experiencia es la que se refiere al grado de tensión o relajación que acompaña a las emociones. Esta dimensión tensión/relajación determina que cuanto más colérica esté una persona, mayor tensión observará en su organismo.
Por último, encontramos la dimensión de la atención/rechazo. Todas las emociones pueden estar provocadas por una actitud de rechazo hacia algo o alguien, o bien por un proceso atentivo que hace que la persona se sienta atraída por algún acontecimiento o situación.
Otro aspecto importante de la emoción es su naturaleza selectiva. Cuando una persona experimenta una emoción muy profunda percibe lo que le rodea de un modo bastante parcial y sesgado. Así, cuando mantenemos una gran amistad con una persona, tendemos a apreciar sólo sus cualidades positivas, y a disculpar e incluso ignorar las negativas. En la comunicación masiva esta tendencia se proyecta incluso cuando el receptor no conoce a su “interlocutor”. Y así uno idolatra o denigra periodistas, animadores o personajes
El poder de las emociones sobre la conciencia se observa en situaciones en que la persona experimenta un estado emocional muy fuerte. En el caso de un individuo que experimenta unos grandes celos, esta emoción puede atraparle hasta tal punto que se convierta en una obsesión y polarice todas sus atenciones y energías. El guionista atento lo tendrá en cuenta a la hora de diseñar sus personajes, tal como Shakespeare lo hizo para construir a Otelo.
En cuanto a la intensidad de las emociones y la capacidad de actuar de modo adecuado ante una situación, se ha demostrado que cuando las primeras sobrepasan un cierto umbral pueden paralizar a un sujeto o llevarle a conducirse de forma incorrecta. Aunque emociones intensas en situaciones extremas ayudan positivamente a resolver un problema, si aquellas sobrepasan un cierto umbral pueden inhibir a la persona e impedirle afrontar con éxito la situación. Así, mientras es frecuente que en casos de accidentes o catástrofes las personas experimenten emociones que las empujen a realizar acciones luego valoradas de heroicas, si la intensidad del estado afectivo es muy fuerte, la histeria puede imposibilitar cualquier actuación ordenada y racional. Cada vez que la comunicación se proponga poner en marcha procesos transformadores o de dinamización social, resultará conveniente revisar que los estímulos no actúen en sentido inverso, volviéndose enajenantes o predisponiendo a la pasividad, el fatalismo o la resignación.
Finalmente, un realizador radiofónico consciente habrá de considerar que todos los hombres participan de las mismas emociones, aunque el modo de expresarlas difiere de una cultura a otra. Cada sociedad posee un código de comportamiento que regula en parte las manifestaciones emocionales. Mientras que en ciertas civilizaciones la pena por la muerte de un ser querido se manifiesta a través del llanto, en otras se efectúan festejos con bailes y cantos. Asimismo, en la cultura occidental el llanto posee una significación diferente, según el sexo de la persona que lo manifieste (el llanto es considerado una reacción emocional femenina que el hombre debe evitar).
(Fragmento de "El arte radiofónico", de Ricardo Haye. Ediciones La Crujía. Buenos Aires, 2004)
Notas:
[1] Gennari, Mario: La educación estética. Arte y literatura. Paidós, Barcelona. 1997. Pág. 44. [2] May, Rollo: La valentía de crear. Emecé Editores. Buenos Aires, 1977. Pág. 187. [3] Kandinsky, Vassily: Sobre lo espiritual en el arte. NEED. Buenos Aires, 1997. Págs. 83 y 82. [4] Martínez Albertos, J. L.: Periodismo. Géneros. Gran Enciclopedia Rialp. Madrid, 1974. [5] Rodrigo, Miquel: Los modelos de la comunicación. Segunda edición. Editorial Tecnos. Madrid, 1995. [6] Kaplún, Mario: Producción de programas de radio. CIESPAL, Quito, 1978. Pág. 62/3. [7] Kaplún, Mario: op. cit. 1978. Pág. 63. [8] Entre otros puntos, la falta de acuerdos reside en si existen o no escalas intermedias (centros hipotalámicos) y si las emociones son previas o posteriores a las alteraciones somáticas. [9] Contrástese con el criterio de “influencia de la familiaridad en la decodificación” que desarrolla Emilio Prado en su libro “Estructura de la información radiofónica” (ATE, Barcelona, 1981. Pág. 58) y podrán obtenerse nuevas referencias. 1:20 PM
viernes, diciembre 22, 2006
Con la tercera parte de estas Variaciones que nos propone Andrea Miglio, cerramos el año 2006.
Volveremos a refrescar este sitio blog allá por febrero de 2007.
Hasta entonces y que el nuevo año traiga todo aquello que nos merezcamos.
…Acompañar-nos en los procesos de construcción de sentido, creando puentes que inauguren vínculos entre oído-cuerpos y el binomio fantástico radio-narrativa constituyen instantes luz.
“El agudo y filoso paisaje sonoro de la ciudad moderna oculta las voces de sus inventores humanos.”
“¿Cómo es estar en silencio... dónde encontrar los reductos de la quietud?”
R. Murray Schafer
Época multimedia. Las tecnologías y los medios se interceptan en convergencias[1], los soportes mudan y se cruzan, nuevas potencialidades surgen de los procesos mediamórficos. Mensajes gráficos, rítmica audiovisual, medio ambiente sónico, códigos binarios y tramas digitales. Los cuerpos devienen imagen inasible, cuerpo – red. La vida como mero link de hipertextualidad[2]. La oralidad[3] en este contexto pregunta cuál es su lugar. No encuentra la ronda, el círculo que la espera decir; el tiempo del devenir hoy es puntual; hasta el espacio se encuentra virtualmente desencajado y ya no se corresponde al aquí y ahora, no es figura ni fondo. Parece anacrónico pensar en ella y sin embargo esta “forma de ser”[4] que es la cartografía virtual, no puede dejar de ser referente. La radio desde sus comienzos gozó de la oralidad, la encendió, la entregó como antorcha en cada posta del camino. Hizo reír, llorar, enseñó y relató. La preparación cultural[5] que dio lugar a esa nueva tecnología de los años ´20 alertó el oído de las audiencias y dio lugar a una escena compartida primero de a dos, luego en familia. Formatos que ostentaban la imaginación y la fantasía para entretener al radioescucha, configuraron a generaciones enteras, que objetivan el recuerdo nostálgico en los rincones de una casa, valor íntimo del espacio interior, del lugar habitado, del refugio onírico.[6] Imágenes que por inasibles en la realidad no son menos densas que la vida en su génesis. Urdimbre compleja que va de lo singular a lo particular, de lo molecular a lo molar. Espirales de historia que devuelven nuevas lecturas en su infinito recorrido. Eso es la ficción. La magia de contar… “La palabra oral es fundante…La oralidad tiene que ver con nuestra intimidad. Es más: con nuestra corporeidad…El fenómeno radiofónico está repleto de Ensoñación que es una manera de soñar con los ojos abiertos.”[7] Voz, palabra, cuerpo…caleidoscopio sonoro, visual-gestual, táctil…dispositivo lúdico que estalla en un discurrir sensorial único. Instantánea insondable y mística que reúne a unos en vínculo vibrátil con otros. Cartografías corporales que constituyen audiencia, cuerpos grupales y cuerpos individuales que escuchan decir, resuenan, modelan, re escriben y resignifican…y en su avidez por continuar tejiendo la trama preguntan: ¿cómo volver a una radio narradora de historias hoy, que se encuentra casi desnuda de su vieja vocación de reunir en torno de sí, casi deshabitada de retóricas ficcionales, de expresividades y de estéticas narrativas?
Notas: [1] Fidler, Roger: Mediamorfosis. Comprender los nuevos medios. Ed. Granica. Buenos Aires, 1997. [2] Landow, George: Hipertexto: la convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología. Ed Paidós. Barcelona, 1995. [3] Levy, Pierre: Sobre las escrituras y las formas del tiempo. [4] Levy, Pierre: ¿Qué es lo virtual? Ed. Paidós. 1999. [5] Lewis, Mumford: Técnica y civilización. Ed. Alianza. Madrid, 1992. [6] Bachelard, Gastón: La poética del espacio. Ed. Fondo de Cultura Económica. 1965. [7] Bosetti, Oscar: Oralidad y Lenguaje radiofónico. Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Entre Ríos. En [ http://www.fcedu.uner.edu.ar/clm/bosetti.html]
…¿Y cómo deviene lo sonoro cuerpo, experiencia, augurio, fiesta?
“El cuerpo no es una cosa, una sustancia o un organismo, sino una red plástica contingente e inestable de fuerzas sensoriales, motrices y pulsionales, o mejor aún, una banda espectral de intensidades energéticas, acondicionada y dirigida por un doble imaginario: el imaginario social y el imaginario individual”.
...
A. Le Bretón.
Los espacios áulicos visten cuerpos dóciles, sobreexigidos, contrariados. Superficies de baldosas desnudas que no se exploran. Rincones que no se habitan porque se desconocen. Entonces ¿cómo guiar y hacer consciente un registro corporal en estado de arte, de creatividad cuando no se produce la apropiación del espacio común?.
Si las prácticas cotidianas aparecen vacías de contenido; si la oralidad se devela pobre e imprecisa; si la voz se desenhebra de un cuerpo rígido, ignorado, ¿cuáles son los mecanismos de frustración que operan en la instancia producción-creación?. ¿Cómo desbloquearlos y devolverle imaginación, conexión, deseo?.
Nuestro cuerpo-territorio experimenta una relación estrecha con el paisaje cotidiano: “los accidentes geográficos...valles, montañas, desiertos, así como temperaturas, climas, van trazando una trama íntima entre cuerpo y territorio”. En nuestro mapa fantasmático - representación que cada uno hace de su propio cuerpo - “pasado, presente y futuro transitan en recuerdos, sensaciones que adquieren dimensión, forma, color...el cuerpo que el mapa revela cabalga entre la materialidad corporal, anatómica, biológica y las fantasías depositadas en él”.[1] ¿De qué tramas habla nuestro cuerpo-territorio? ¿De qué expectativas se conforma nuestro mapa fantasmático? ¿En qué medida dejamos participar a nuestra cartografía de una mucho más amplia que constituye un todo?.
Nuestro cuerpo-texto continúa hilvanando trajes, desfilando las máscaras que la vida en sociedad premodela y a través de las cuales aparecen algunos de nuestros personajes y, "adecuados" al ámbito, salimos a escena. "Nuestras corazas corporales defienden en la medida de que ocultan bien"[2]. Pero ¿qué se enmascara en este proceso y que se revela tras el ocultamiento?.
Nuestro cuerpo-ser sonoro “se hace audible en la calidad significante de la voz en su altura, fuerza y timbre; tiene la cualidad de mostrar a quien la porta, es su marca de identidad, no hay dos voces con el mismo timbre, con el mismo color…El timbre está determinado por la particular arquitectura de las cajas de resonancia; pero se moldean sus matices a través del baño sonoro que proporcionan los paisajes sonoros familiares con los afectos adheridos a ellas.” [3]¿Y qué mundos nunca despiertan cuando una voz calla?.
Cuerpo-territorio, cuerpo-texto, cuerpo-ser sonoro…. Acompañar-nos en los procesos de construcción de sentido, creando puentes que inauguren vínculos entre oído-cuerpos y el binomio fantástico radio-narrativa constituyen instantes luz.
“En el encuentro de los cuerpos de maestro y alumno, sobrevuelan otros cuerpos, que tejen novelas, fabulan, motivan, bloquean, proveen estilos de aprendizaje, recursos para la vida (padres, compañeros, maestros, personajes de libros, personas imaginarias, reales). También entre esos cuerpos recalan ritornelos organizadores (hábitat, horarios, luminosidad, acústica, biorritmos, olores). Conjunto amplio de diversidades que afectan el proceso pedagógico y lo hacen acontecimiento, sólo inteligible como paisaje”.[4]
El aula deviene experiencia de radio; la radio, espacio de autorrealización. Una didáctica de los medios hacia una pedagogía sensible se nutre con una formación profesional abordada desde una estrategia lúdica, holística, afectiva y sensorial. El Homo Ludens[5] se acerca a una visión de mundo a través del juego, fenómeno que da génesis y desarrollo a la cultura y que es tan importante como lo es la reflexión en el Homo Sapiens o el trabajo en el Homo Faber. Ese “como si”, rol que se asume al jugar, libera mundos interiores, crea nuevas reglas. Es una función llena de sentido.
Mario Kaplún retomando a Freud dice “ por ser un medio auditivo la radio es más propicia a la palabra - emoción que a la palabra concepto...Un concepto, una idea, puede vehicularse mejor por radio si se la enmarca en una dinámica afectiva, cálida, vivencial, que establezca una comunicación personal con el oyente y le haga sentir la emisión.”[6] Esto en el camino hacia una pedagogía radiofónica insta a poner en juego todos los elementos del discurso radiofónico, a exprimir la riqueza de cada formato, a apelar a la narrativa como esa otra forma de decir, urdimbre compleja, espiral dialéctica, y así estrechar la relación de la práctica de formación áulica con la praxis concreta y cotidiana como productores del medio.
Lo radiofónico “tiene cuerpo”. El cuerpo cruza nuestras prácticas áulicas: - redescubrir el cuerpo en el aula - relacionar oralidad – corporeidad, creatividad – expresividad - propiciar espacios que estimulen la sensación del cuerpo en estado de arte - descubrir en el “cuerpo textual” de la ficción los tres anclajes que dan figurabilidad a un acontecimiento - escena, gesto y máscara y los andamiajes[7] que en su entramado enlazan.
Estas propuestas constituyen al menos algunos de los puntos nodales de una cartografía extensa y abierta, que nos invita a recorrerla juntos para pensarlos en la creación-producción radiofónica. La escena que alberga la representación ancla en espacio y tiempo; el gesto, que como escritura corporal plantea el desafío de trasladarlo al plano de lo sonoro; y la máscara que aparece en radio en íntima relación con la voz, la persona, el personaje (del latín per-sonnare). La singularidad propia de la imagen acústica nos ofrece el trabajar profundamente estos conceptos según la naturaleza del medio.
“La radio dentro de la educación no formal, tiene el poder anticipatorio de convertir la creatividad en un derecho” entendiendo como “Paul Valéry a la educación como el más hermoso esfuerzo de los hombres que consiste en cambiar su desorden en orden y la posibilidad en poder”[8]. Esgrimir este derecho y trabajar por él con compromiso implica antes haberlo descubierto en los espacios que la educación formal nos abre desde pequeños en la síntesis esencial que ofrece el “enseñaje: concepto que denomina un proceso por el cual un alumno aprende a aprender y un maestro aprende a enseñar, en una espiral dialéctica en la que ambos aprenden a pensar y comprender el fenómeno que los envuelve.”[9]. Esto es tan válido en la experiencia áulica como en la interacción que se da con el oyente, a través de la radio.
Dado que “las necesidades de los seres humanos se confunden con las necesidades de los mercados de trabajo, de las modas, de los modelos culturales, mezcladas con las exigencias de los grupos de pertenencia y referencia, a las que se suma la de los grupos internos”[10], el desafío es repensar-nos y ser cuerpo en un espacio atravesado por las resistencias que generan las relaciones asimétricas. Darnos y darle al cuerpo grupal la posibilidad de volver a las sensaciones y experimentar modos de ser y modos de hacer en el cuerpo. La persona es su cuerpo, pero también su mente y sus vínculos. Y en esas búsquedas Jaime Barylco se nos ofrece como norte diciendo: “La educación desde hace unos años me quita el sueño. Tras mucho pensar me estoy dando cuenta de que lo que más falta nos hace hoy es devolverle a la educación el sueño, la capacidad onírica, la dimensión de todas las otras dimensiones que es el hombre”.
NOTAS:
[1] Matoso, Elina: El cuerpo, territorio escénico. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1996. [2] Kesselman, Susana: Dinámica corporal. Ed. Cinco, Buenos Aires, 1991. [3] Romanutti, Clelia: El cuerpo, un ser sonoro: los colores de la voz. Libro de resúmenes y abstracts del VI Congreso Argentino del Color – Argencolor 2002, realizado en Rosario. Grupo Argentino del Color FADU-UBA, Buenos Aires, 2002. [4] Kesselman, Susana y Hemsy de Gainza, Violeta: Música y eutonía. El cuerpo en estado de arte. Ed. Lumen, Buenos Aires, 2003. [5] Huizinga, Johan: Homo Ludens. Ed. Emecé, 1954. [6] Kaplún, Mario: Producción de programas de radio. El guión – La realización. Colección Intiyán, CIESPAL. Quito, 1978. [7] Matoso, Elina: El cuerpo territorio de la imagen Ed. Letra viva - Instituto de la máscara, Buenos Aires, 2003. [8] Gascón Baquero, Ma. Cármen: La radio en la educación no formal. Barcelona, España, 1991. [9] Pichón Rivière, Enrique: Una nueva problemática para la psiquiatría, en Kesselman, Susana - Hemsy de Gainza, Violeta, op.cit. [10] Kesselman, Susana: El pensamiento corporal. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1994.
lunes, noviembre 20, 2006 Graduada en la Universidad Nacional de Rosario, Andrea Miglio llegó a la Patagonia hace un par de años y muy pronto se integró como auxiliar docente en nuestra Area Radiofónica. A continuación publicamos la primera parte de un sugerente texto suyo.
“Devenir es construirse nuevas alternativas de vida en el cuerpo y fabricarse melodías que permitan seguir novelando existencias posibles.”
Susana Kesselman
Marshall Mc Luhan plantea una “reacomodación de nuestros sentidos”[1] asociada a la aparición de una nueva tecnología. Otras percepciones que demandan adaptaciones sensoriales son motivadas influyendo sobre modos ya conocidos, hábitos inculcados y hasta a veces adquiridos por ósmosis. ¿Pero qué ocurre cuando la tecnología que se analiza no es nueva sino que se la piensa nueva?
La radio, hasta no hace mucho tiempo abordada como medio unisensorial, muestra matices de multisensorialidad de acuerdo con las producciones plausibles de ser realizadas en la cautivante exploración expresiva del medio. Estas estimulantes formas de decir que relevan elementos del lenguaje radiofónico y los anclan a cartografías corporales que constituyen audiencia, requieren nexo, puente que inaugure vínculos entre estos oído-cuerpos y el mensaje producido.
El “oyente modelo”[2] ahora se construye con hilos de subjetividades[3] sueltas, heterogéneas, múltiples. Cuerpo sensible donde la sinestesia[4] devuelve a la luz los espacios oscuros de una novela sensorial ajustada a parámetros estereotipados. Y esos sentidos “que tienen prejuicios porque son viejos y están atrofiados”[5] asoman sedientos. ¿Y qué encuentran? ¿En qué contexto se inscriben?.
Las estéticas contemporáneas que sustentan el remozado tratamiento de los formatos radiofónicos toman de diferentes lenguajes artísticos pinceladas e imágenes, movimiento, ritmos y armonías. Códigos que son génesis de una poética del sonido que despliega en torno a él un abanico de lecturas y construcciones de estas piezas radiofónicas. En este eje Oído – Cuerpo – Radio, las estrategias del emisor y del receptor se reinventan en cada entrega. En este eje Oído – Cuerpo – Radio, la ficción se revela.
“No se escriben ficciones para eludir, por inmadurez o irresponsabilidad, los rigores que exige el tratamiento de la verdad, sino justamente para poner en evidencia el carácter complejo de la situación, carácter complejo del que el tratamiento limitado a lo verificable implica una reducción abusiva y un empobrecimiento. Al dar un salto hacia lo inverificable, la ficción multiplica al infinito las posibilidades de tratamiento”.[6] Hacer cotidiana una ficción radiofónica dotada de máximas de expresividad que requieren de nuevas colaboraciones por parte del oyente, necesita también ser circunscripta a contextos de acompañamiento que sugieran, una pedagogía sensible que desde una lógica rizomática[7] estimule la búsqueda y reconocimiento de nuevos umbrales perceptivos, cognoscitivos y sensoriales. Este atravesamiento pone énfasis en “las nuevas pedagogías organizadas en la consideración de la inteligencia sensorial, que investigan el vínculo maestro-alumno como fenómeno maquínico…Se trata de despertar en el cuerpo del alumno la sensibilidad para acoger los conceptos, hacerlos propios y transformarlos.”[8] Llevada al ámbito de la producción en radio, esta idea instala nuevos desafíos al comunicador-productor, por ejercer un rol necesariamente involucrado con la comunicación afectiva[9]. Un rol que de fuerza a este binomio fantástico[10] narrativa-cuerpo implicando en el proceso creativo su propia corporeidad, a veces no invitada, a veces ausente. Desde esta cosmovisión todo cuerpo se afecta por emociones, recuerdos, vibraciones, resonancias. Y de allí la pregunta: ¿cómo deviene lo sonoro cuerpo, experiencia, augurio, fiesta?
Continuará
NOTAS:
[1] Mc Luhan, Marshall: La Galaxia Gutemberg. Ed. Planeta Agostini, Barcelona, 1985.
[2] Eco, Umberto: Lector in fabula. Ed. Lúmen, Barcelona, 1993.
[3] Guatarí, Félix: Caósmosis. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1996.
[4] Haye, Ricardo: El arte Radiofónico. Ed. La Crujía, Buenos Aires, 2004.
[5] Martínez Estrada, en Haye, Ricardo: El arte Radiofónico. Ed. La Crujía, Buenos Aires, 2004.
sábado, noviembre 11, 2006 Continuamos publicando colaboraciones de nuestros estudiantes. El texto siguiente fue producido por Matías Pordomingo, quien se desempeñó como Ayudante Alumno en nuestra Area Radiofónica.
¿Qué es la producción informativa en radio?
Los hechos, las cosas, pasan. Son noticia en la medida que ocupan una porción de la realidad discriminada por los medios de comunicación masiva. Hacemos esta distinción preliminar para acercarnos a la idea de producción informativa. Lo que para algunos medios es noticia puede no serlo para otros, y también el tratamiento que se le dé en cada medio será distinto. Depende de las características y/o los intereses del medio, un comunicado de prensa que denuncie la contaminación ambiental de la Empresa X puede terminar en la nada o puede ser lo que movilice a toda una redacción a buscar opiniones de expertos, la respuesta de la Empresa X, y también a ofrecer a su audiencia la posibilidad de conocer que impacto tendría esta contaminación en su vida cotidiana. Lo anterior se refiere a la discriminación realizada sobre insumos o fuentes primarias, como un comunicado de prensa o un llamado telefónico. Pero ¿qué pasa con la información que dan los otros medios de comunicación con relación a la radio en la que vos estás trabajando? Aquí, la elección sobre lo que es y no noticia debe ser especialmente consciente (sobre todo en una época en la que algunos medios parecen ser quienes manejan en gran medida las agendas de los diversos poderes públicos) Aquí tenemos un primer elemento que determina la producción informativa: el medio. Según los intereses, el medio hará un primer recorte: que es noticia y que no lo es. Esto estará fundamentalmente ligado a los intereses del medio. Una radio evangelista, por ejemplo, limitará su producción informativa en reiterar los horarios de reunión en el templo. Una radio dedicada exclusivamente a la difusión de rock nacional privilegiará información referida a este género musical. Aunque en estos ejemplos el género informativo tendrá obviamente menos presencia que el de opinión o el expresivo, su presencia, su calidad y su profundidad implican igualmente producción informativa. En las radios generalistas de mayor producción informativa que en los ejemplos anteriores, la decisión sobre lo que es noticia estará fundamentada más fuertemente en los intereses ideológicos y económicos del medio. La decisión de aceptar las limitaciones y las caracterizaciones de la realidad que realiza un medio es un decisión ética que de ninguna manera debe afectar el compromiso profesional.
¡Como llueve en Capital!
Para quienes hacemos radio en ese otro inmenso lugar de la argentina conocido con el eufemismo de “el interior” debe ser un punto importante a considerar manejar claramente la agenda de las noticias regionales. Por más que la decisión de la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo, tenga en vilo todos los programas de debate nacionales, no podemos por esto obviar que es lo que decidió el Consejo Deliberante de nuestra ciudad. Con la llegada de las radios AM a los diales de FM a través de la “bajada de señal” que realizan algunas radios locales, se acentúa cada vez más la presencia de noticias nacionales, en desmedro de la información local. Esto aleja fuertemente a las radios de un de sus pilares, que es acercarse a la vida cotidiana de las personas. Pensemos en la situación en la que nos escucha el oyente: puede estar trabajando, en su casa, en el auto. Puede estar viviendo un momento feliz o el peor de su vida. La radio es siempre el telón sonoro de fondo de alguna otra situación. Esa es una gran diferencia con respecto a otros medios como el cine, internet, o el diario, donde el consumidor se predispone a fijar su atención en el mensaje. Al formar parte de la vida cotidiana del oyente, que nos elige para pasar mejor su mañana en el trabajo, o para que lo acompañemos en su auto en un viaje, debemos lograr que se sienta parte de la radio, que encuentre en la radio un espacio para opinar sobre cuestiones que tengan que ver con el desarrollo de su comunidad, de su barrio. Incluso las noticias nacionales deben verse desde este punto de vista, más próximo. Pero todas estas decisiones (que es noticia, cual será su tratamiento) están atravesadas también con el perfil de oyente que el medio tiene de sí mismo. Ese “oyente ideal” sirve, de alguna manera, para poder establecer intereses, temas y tratamiento de la información. Entonces el primer paso de la producción informativa en radio es delimitar cuales son los temas que nos interesan. Nuestra “noticia central” (si es que hubiera) puede ser distinta a la que destacan el resto de los medios. Una vez definidos los temas, la producción debe establecer el tratamiento. Para esto es muy importante recordar dos características del medio radiofónico: la inmediatez del medio y la dispersión del oyente.
La producción informativa determinará cuales son las noticias a desarrollar y como se desarrollaran (“¿qué?” y “¿cómo?”) Una vez definido el recorte informativo y considerando sus propias limitaciones de producción (fuentes, recursos) el productor de noticias deberá trabajar para llevar la información con la mayor cantidad de riqueza, puntos de vista, claridad y voces posibles.
Estamos transmitiendo en vivo…
Sobre la inmediatez de la radio, tenemos que valorar que este es el medio más ágil y económico para transmitir desde (casi) cualquier lugar en forma directa. Aprovechar esta característica implica para la producción radiofónica la posibilidad de transmitirle a nuestra audiencia lo que esta sucediendo en el mismo momento que sucede, incluso desde el lugar que sucede. El énfasis en este punto intenta plantear que el diario no nos sirve como fuente directa de información en la radio. Es un buen recurso para repasar los antecedentes de una noticia e incluso ampliar nuestro conocimiento sobre la misma, pero en radio reproducir información vertida en medios escritos puede conducirnos al error de llevarle a nuestra audiencia noticias que estén desactualizadas. Imaginemos por ejemplo que un diario titule “Alerta meteorológico para la región”. A la radio no le sirve esta información así, como está. La producción informativa deberá confirmar si el alerta continúa, o si ya fue levantado. También debería hablar con Defensa Civil para llevar a su audiencia la información necesaria para afrontar la emergencia. Como mínima, la producción informativa debería ir hasta la esquina a ver si llueve. El tratamiento de una noticia teniendo en cuenta la inmediatez del medio radiofónico deberá intentar ofrecer información actualizada. Para esto los recursos con los que cuenta la producción pueden ser varios, y en gran parte están determinados por factores económicos y técnicos del medio: móviles de exteriores, agencias de noticias, consultas telefónicas, también llamados telefónicos de los oyentes y la televisión, sobre todo en los canales que transmiten noticias las veinticuatro horas como TN, Crónica TV, CNN o la BBC. Imaginemos todos estos recursos funcionando, por ejemplo, durante una elección presidencial. La función de él o los productores será coordinar como los conductores llevan a la audiencia los últimos datos del escrutinio a escala nacional, la opinión de la gente que pueden aportar los movileros. En tanto las agencias de noticias pueden proveernos las declaraciones de los distintos candidatos. Que toda esta información este actualizada y coordinada dependerá del productor.
¿Me escuchó?
El otro punto a tener en cuenta es la dispersión del oyente. Sobre este punto recordamos que la radio es un medio unisensorial, y esto no obliga a llevar la información de manera que la misma resulte atractiva para la audiencia, que se interese por escucharla. Si la producción de noticias es alta, pero la el resultado de la emisión es finalmente un conductor leyendo cables uno tras otro, probablemente el producto final sea una audición aburrida, densa. Y aquí el objetivo no es simplemente agradar por una cuestión estética (que no es menos importante) sino también porque si la audición no es atractiva, quizá la producción informativa no sea valorada, la información que nosotros pretendemos “importante” se pierda en un cúmulo de noticias monocordes. Para esto, y para evitar el siempre presente riesgo de la verborragia, el productor se debe ocupar en llevar la noticia con la mayor cantidad de elementos con los que cuenta el discurso radiofónico. La palabra será sin duda el elemento preponderante en una audición informativa, pero podemos diversificarla si sobre determinada noticia tenemos la palabra de los protagonistas, de un comentarista, o la opinión de la gente que se comunica con la emisora. Combinando estos recursos, el productor logrará disminuir la dispersión del oyente. Al oír diferentes voces, nuestro oyente tendrá distintas dimensiones de una misma noticia. Los ejemplos antagónicos serían por un lado un conductor hablando quince minutos sobre un tema. Es probable que el oyente no recuerde que dijo al principio, y más aún es probable que se aburra. Distinto sería que luego de una introducción de un conductor, se desarrolle una breve entrevista y luego se de paso a la opinión de los oyentes. Lo interesante de esta forma es que estos pasos pueden desarrollarse en distintos momentos de la audición, por lo que no hace falta estar durante quince minutos seguidos con un mismo tema. Esto nos permite retomar el tema (la necesaria redundancia en radio) pero con distintas voces, y a lo largo de toda la audición.
No solo de palabras vive el periodista
Los otros elementos del discurso radiofónico no deben estar ausentes. La música puede tener una función de complementariedad en el género informativo. En esto deben trabajar coordinados productor y operador o musicalizador. La música bien utilizada puede ser una forma de editorialización. Los silencios son muy importantes. A veces, ante determinada noticia, es preferible un profundo silencio antes que un comentario obvio. Supongamos que a Bush se le ocurre invadir otro país en Medio Oriente… es muy difícil decir algo novedoso, quizá un silencio sentido puede ser un buen primer comentario sobre el tema… El elemento más difícil de utilizar en la producción informativa quizá sea los efectos sonoros. En el género informativo nos pueden servir para llevar narratividad a lo informativo. Esto debe ser debidamente planificado, porque dependerá en gran parte del juego que pueda establecer el conductor entre la noticia y el efecto utilizado. Caso contrario, el efecto pasará a ser un “ruido” en la información. En este punto, es necesario recalcar que se debe jugar en la delgada línea de la sutileza, de la sugerencia, para no hacer que nuestra audición informativa pierda credibilidad, salvo que esto este planificado, en complicidad con nuestra audiencia. En gran medida, dependerá de la noticia, para no caer en lo burdo. Si estamos dando la noticia de un atentado, poner efectos de explosiones de fondo lo único que logrará es poner en un mal momento a nuestro conductor… La utilización de estos recursos en una audición informativa debe tener un sentido, y sobre todo, habrá que evitar abusar de estos recursos. Buscar para cada noticia “el” tema musical desgastará al recurso y también a la audiencia. Lo mismo con los silencios, y mucho más aún con los efectos sonoros.
Apuntes finales para un productor
*La producción informativa también contempla la realización de boletines, panoramas y flashes informativos. También del contenido periodístico de determinados programas. La presencia y profundidad de estos formatos informativos estará determinada por el medio.
*El productor coordina a los periodistas, movileros, comentaristas, editores, musicalizadores y conductores.
*Dos recursos fundamentales para un productor que prevé: la redundancia “planificada” y el anticipo a la audiencia de “lo que vendrá”